Muchas personas me preguntan sobre lo que va a pasar el sábado que viene, cuando se constituya el nuevo Ayuntamiento (no hay otros plazos ni otras posibilidades, tendrá que ser el sábado 16, como marca la Ley) y todo el mundo hace su quiniela de lo que va a pasar.
Los más pragmáticos pensamos que el señor Escámez tendrá que hacer sus movimientos y buscar alianzas completas o parciales o, en su caso, gobernar en solitario, con lo que le queda un calvario del que, no obstante, puede salir fortalecido. Otros creen que la verdadera mayoría que ha salido de las urnas es la “antiEscámez” de modo que apoyan un gobierno Castaño – Naranjo.
Dicho esto, el principal problema puede no estar en estas cábalas. El problema está en que hay personas de las candidaturas de Castaño y Naranjo que ven cerca la posibilidad de tocar poder y están dispuestos a lo que haga falta para ello, rompiendo si es necesario acuerdos y manos estrechadas.
También hay que decir que el señor Escámez puede que tenga el enemigo dentro. Todos los socialistas de Sanlúcar se convencieron de que iban a obtener, al menos, 9 concejales y algunos decían que, con suerte, hasta 10 — el propio Escámez lo dijo el mismo día de la votación –. El resultado fue, pues, inesperado y ahora algunos, convencidos de que tenían garantizado el poder, no lo tienen tan claro si la cosa cambia y puede que empiecen a mirar para otro lado.
Puede que sean los mismos que han cometido uno de los fallos principales de la anterior corporación, que ha sido el día a día, la calle. Al señor Escámez le ha faltado un equipo que atendiera al pequeño problema diario, que estuviera en aquellos sitios donde hay que estar. Eso se acaba pagando en las urnas. Porque no es de recibo que un comerciante tarde más de un año en obtener una cédula de habitabilidad para su negocio o que la situación de determinadas barriadas se esté deteriorando sin que nadie ni siquiera aparezca por allí para interesarse por lo que ocurre.
Queda una semana para decidir y, ocurra lo que ocurra, lo deseable es que quien gobierne se acuerde de que todos los días hay ciudadanos con necesidades que cubrir y, aunque sólo sea eso, hay personas que necesitan que se les escuche. Muchas veces basta con eso.