Prólogo | Cristo de San Pedro | Etimología de la palabra “Solúcar” | Los orígenes de Sanlúcar la Mayor | Los orígenes de Lucus-Solis
De Hesperia Aras tuve antiguo nombre
Que el Héspero me dio, mas ya me llamo Ciudad del Sol.
Adiós Héspero amigo.
Mudado el nombre Ibero, el Sol Romano hace crecer los edificios míos.
Su crecida deidad crece mis bríos.
Poderosa en alcázares y muros, de mis armas estuve ennoblecida.
Cuando caí en mano vengadora y con fuerza de Marco, mi enemigo.
¡triste! perdí cuanto esplendor tenía urna fatal de mi ceniza fría.
Mas ya de aquel sepulcro revocada a grandeza mayor soy levantada.
Del derecho romano, por auspicio del César que me dio tal beneficio.
Con nueva luz el sol me favorece, y al paso que soy luz mi dicha crece.
Solia soy y del sol es mi renombre, de tus aras dejé Héspero, el nombre.
Como introducción a este apartado de Historia y dado que en su mayoría lo que vayamos publicando en esta sección, será sacado de los “Apuntes para una historia de Sanlúcar” escrita por Enrique Ramos Sánchez-Palencia, le hemos pedido que nos escriba algo a modo de introducción. Y él, amablemente, a sus 85 años nos ha enviado lo que a continuación trascribimos.
Considero que quizás sería interesante el estructurar en unas cuantas paginas los elementos que hemos heredado de nuestros antepasados y que nos sirven para que se reconozca en ellos nuestras señas de identidad.
En muchas horas de ocio que tengo por estar ya jubilado, he ido escribiendo estas notas pensando que cuando se llega al final de la vida se ve que verdaderamente uno ya no vale para nada. Es hombre acabado, viéndose claramente que los jóvenes valen mucho más. Estos jóvenes que se han nutrido de nosotros los mayores, se nos echan encima, es el momento de la muda y están preparados para asaltarnos como nosotros asaltamos a nuestros mayores. Se sienten superiores a nosotros y están seguros de habernos superado; pero yo no me considero hombre acabado a pesar de mi avanzada edad. Sigo sintiendo la sangre golpeando a martillazos en los pulsos y en las sienes, tengo aun cierta ebullición de ideas en la cabeza, tengo todavía algo que decir y tiempo por delante, si Dios lo tiene por conveniente. ¡Tengo tantas cosas que comunicar antes de mi muerte! Quiero que mis paisanos conozcan bien las cosas de Sanlúcar y para ellos van dirigidas estas notas.
No me doy por vencido, ya lo he dicho: no estoy acabado. Quiero que esto que escribo sea para los jóvenes, a los que respeto y estimo. No se llega a los veinte años con la obra maestra hecha, aunque espero que lo hagan. Sin embargo yo he hecho algo: he procurado conocer muchas cosas de la vida pasada de Sanlúcar, que me han costado muchas horas de investigación, que he mecanografiado para que no se pierdan y puedan ser conocidas por los que vienen detrás sin que les cueste el agotado trabajo que a mí me ha costado su búsqueda.
Cuatro son las cosas, a mi modo de ver, que integran en desigual proporción, las excelencias de Sanlúcar: El Escudo de Sanlúcar, El Santo Cristo de San Pedro, Nuestras tres parroquias (es el único pueblo del Aljarafe que tiene tres torres), y Nuestro Santo Patrón San Eustaquio.
Confieso con sincera humildad que no pretendo hacer una obra de historiados científico, ni tampoco una obra de belleza literaria. Quiero que estas notas sean un servicio para la formación profunda de los que acierten a leer con calma estas páginas. Quiero que sirvan para aumentar el conocimiento de la realidad sanluqueña de hoy. Quiero hacer una llamada a la reflexión, a la que estamos olvidaos por la cuantía de los riesgos que amenazan a las obras de arte de nuestra ciudad y que estamos obligados a conservar. Son bienes patrimoniales que han llegado a nosotros por sí mismos y que representan nuestras señas de identidad.
Un pueblo al nacer no tiene más que un objetivo: vivir, desarrollarse, crecer. Mientras que unos pueblos progresan y llegan a una cultura elevada, otros en cambio, mueren sin dejar huella de su existencia. Los pueblos que conservan la herencia de sus antepasados son pueblos que progresan y se consideran siempre jóvenes. Quiero imaginarme que soy joven y al pensar como joven quiero hacer ver a los jóvenes de hoy lo que quizás no sepan ver aunque tengan los ojos bien abiertos.
Creo tener en la función que la Providencia me ha deparado, un hondo sentimiento de trabajar por Sanlúcar, sentimiento nacido de la responsabilidad tremenda que las generaciones futuras nos exigirán a los sanluqueños de hoy. Nosotros y ellos haremos la Sanlúcar que vivirán las generaciones futuras.
Si queremos que nuestra ciudad conserve su esencia, lo que realmente es, tenemos que mantener a través de los siglos su carácter fundamental. Nuestros antepasados nos han legado unos elementos permanentes de lo que fue Sanlúcar y esos elementos tenemos la obligación de mantenerlos.
Y volviendo la mirada a esta Sanlúcar que me vio nacer y donde he pasado toda mi vida, es a la que quiero que evoquen estos apuntes que le brindo como la mejor ofrenda.
Comenzar estas notas por el Santo Cristo de San Pedro tiene una razón muy simple, quizás sea el gran desconocido sobre todo entre los más jóvenes a pesar de su indudable valor.
El estudio lo dividiremos en tres partes donde trataremos los datos históricos, su descripción y por último su proceso de restauración.
Dentro del recinto amurallado los habitantes cristianos ocultaron un Cristo crucificado, al que le tenían gran devoción, para protegerlo de los saqueos de los Almohades. Una vez conquistada la Ciudad de Sanlúcar el 28 de junio de 1251 y desaparecido ya el temor a la profanación de las imágenes, acuden al sitio en que estaba oculto el Crucificado, pero el Cristo estaba muy estropeado y su aspecto apartaba de la devoción. Así pues deciden encargar una nueva imagen que es la que actualmente se venera en la Parroquia de Santa María.
No se puede precisar la fecha exacta de la actual talla, ni el nombre de su autor. Este Cristo responde a la tendencia gótica de exaltar el sentimiento religioso mediante la compasión por eso se le representa torturado, con corona de espinas y no con majestad reinando desde la cruz como ocurría en las imágenes románicas.
El indiscutible merito de esta escultura ha merecido los honores de figurar en la magnífica obra “Mil joyas del arte español” donde se fecha en el siglo XIV. En la figura del Cristo el escultor ha querido ante todo, emocionar a los fieles. Su actitud es forzada y violenta, vencido el cuerpo muerto hacía su derecha y caída la cabeza sobre el hombro. Los pies están cruzados de modo inverosímil, taladrados por el clavo único tan cerca de los dedos que no podrían aguantar el peso del cuerpo sin rasgarse. El sudario, amplísimo y revuelto, se anuda a un lado cubriendo las caderas y parte de las piernas, acentuando con sus abundantes pliegues el retorcimiento de toda su figura. Sin embargo el cuerpo está modelado con justeza y armonía en sus proporciones, con cuidado de la anatomía, de la cual es escultor posee conocimientos muy superiores a lo normal en esa época.
No sólo se ha transformado la actitud del Cristo sino la cruz misma. La cruz tiene el aspecto de un tronco al que se han cortado las ramas. Es lo que se le llama cruz-árbol que aparece por primera vez en la escultura alemana del siglo XI y que tiene su origen en la leyenda del árbol del paraíso, que viene a ser el “árbol de la vida”.
Este Cristo fue realizado en tierra sevillana y acaso podemos hallar en él el precedente de los crucificados andaluces del siglo XVII. Un crucificado muy parecido y posiblemente del mismo autor, es el conocido como “Cristo del Millón” que se encuentra en la parte superior del Altar Mayor de la Catedral de Sevilla. Todo esto nos lleva a pensar y dada su influencia francesa que su autor fue alguno de los maestros traídos por los Reyes desde Francia.
En el año 1980 y siendo alcalde de Sanlúcar José Luis Morillo Florea y párroco José Luis Aguilar se empiezan a realizar gestiones para su restauración contando con la autorización del Arzobispo. El 13 de enero de 1981, se reúnen en el ayuntamiento los hermanos mayores de las distintas hermandades de penitencia con el fin de estudiar la forma en que podría llevarse a cabo la restauración sobre todo en lo referente a su financiación y todos incluido el Pleno del Ayuntamiento, acordaron contribuir.
A la vista de varios presupuestos presentados se acuerda aceptar el de José Rodríguez Rivero Carrera. Se adaptó el Salón Parroquial como taller para restauración y se nombró una comisión encargada de su vigilancia. En el proceso de restauración se construyó una nueva cruz al estilo y forma de la que tenía anteriormente. (La cruz antigua se conserva en la Parroquia de Santa María).
El precio total de la restauración fue de un millón de pesetas.
Una vez terminada la restauración se trasladó procesionalmente y tras la celebración de una Eucaristía en la Plaza del Ayuntamiento, a la Parroquia de Santa María y se procedió a la imposición y bendición de las nuevas potencias donadas por la corporación municipal, todo ello el día 17 de octubre de 1981.
Etimología de la palabra “Solúcar”
Solúcar es el nombre que ha venido usando nuestro pueblo hasta el siglo XVII.
La palabra luco viene del latín “lucus” que significa bosque. Para los romanos el bosque tenía carácter sagrado y anualmente se celebraban unas fiestas que llamaron “lucarias”, realizándose una ofrenda de dinero que llamaban “lucar”. A la para que iba incrementando el nombre de Solia, también lo tomaba el del “templo del Sol” “Templo del Luco” (bosque) al que abreviadamente empezaron a llamar Sol Luco. Se han encontrado algunas jarras de barro en cuyos cuellos figuraba la palabra Sol Luco que viene a confirmar esta suposición.
Siendo la palabra “Lucar” derivada del “Luco” y haciendo referencia al precio que se sacaba o se invertía en el Luco (bosque), el lenguaje de los traficantes haría más frecuente el Sol Lucar que el Sol Luco y al emplear mucho el Sol Lucar se fue transformando en Solucar que fue el nombre con que se designó a nuestro pueblo.
Llegados a este punto podemos entender mejor el escudo de Sanlúcar.
Descripción: Está formado por dos columnas que enmarcan un bosque de acebuches sobre el que se está ocultando el sol. En la columna de la izquierda van grabadas las letras “S” y “P” y en la de la derecha la “Q” y la “S”. En la parte superior se lee la palabra “Solúcar” y en la inferior se lee “Este Lucus Solis”.
Explicación: Las columnas representan su antiguo poderío de alcázares y castillos. El bosque nos recuerda el “lucu” sagrado de los romanos. El sol representa la divinidad que se adoraba en su reconstrucción. La puesta de sol viene a recordar a Héspero o Estrella de la Tarde. Las cuatro letras de las columnas nos recuerdan la grandeza que adquirió bajo el auspicio de Julio César, ya que dio a sus habitantes la ciudadanía romana por lo que el pueblo se gobernaba por un Senado local. Las letras son las iniciales de la frase “Senatus Populusque Solucar” (el Senado y el Pueblo de Solucar). La palabra de la parte superior “Solucar” es el nombre de la ciudad que unida a las de la parte inferior “est Lucus-Solis”, nos dice que Solucar es (o está) en el Bosque sagrado del sol.
Los orígenes de Sanlúcar la Mayor
La mitología.-
La región de la Bética que hoy conocemos con el nombre de Aljarafe, en la que está situada Sanlúcar la Mayor, constituyó en los primeros tiempos una inmensa dehesa o bosque de acebuches, que entonces se conocían con el nombre de “oleastrum”. Este bosque debió servir de asilo o refugio de los naturales del lugar y al mismo tiempo de despensa por la abundante caza que existía en la región. Bosque de los oleastrum es pues el primer nombre conocido del Aljarafe Sevillano.
Para conocer los orígenes de Sanlúcar tendremos que remontarnos un poco a la mitología. Según la mitología la diosa Eos, la Aurora, entre sus hijos, tuvo dos: Fósforo y Héspero, que estuvieron muy relacionado con los orígenes de Sanlúcar. Fósforo era la “Estrella de la mañana” y Héspero la “Estrella de la tarde.
Según el libro “Mitología General” de Félix Guirad en toda la Iberia se adoraba al Planeta Venus, bajo la imagen de una estrella, razón por la cual en las medallas celtibéricas se ve con frecuencia una estrella colocada en una de sus caras y en el reverso la cabeza de un toro o buey. Al poner a la diosa Venus sobre la cabeza de un toro querían dar a entender que ponían a todos sus ganados bajo su influencia para que los multiplicase y procrease.
Según Estrabón en su libro tercero nos deja noticia de la existencia de un templo al Héspero o lucero de la tarde y los situaba en el bosque de los oleastrum. Al amparo de este templo nacería una población que con el correr de los tiempos sería nuestra Sanlúcar.
El padre Mariana (libro 3º, capítulo 21) sitúa el templo de Héspero junto al río Menuba o Menoba (hoy Guadiamar).
Resumiendo todos estos datos podemos llegar a la conclusión de que en el actual Aljarafe en tiempos anteriores a la dominación romana, existió un gran bosque de Acebuches, en el que había un templo dedicado al dios Héspero, representado por una estrella y junto a él una población de nombre Hesperia.
Los Romanos.-
Los romanos vinieron a la península para luchar contra los Cartagineses. Seguramente en esta guerra la población de Hesperia fue destruida. Estas noticias llegan hasta nosotros gracias a Juan M. Gallego de Vera, cura natural de Sanlúcar gran amigo y compañero de Rodrigo Caro, que murió en el año 1646 y todos sus hallazgos sobre Sanlúcar fueron sacados a la luz por Rodrigo Caro en sus obras “Corografía del Convento Jurídico de Sevilla” y “Lugares añadidos a la Corografía”. En esta última obra menciona la inscripción encontrada en una lápida mortuoria que traduce de la siguiente forma:
Flavia Demetria Crispina, enterró a sus muy amados hijos Cayo Bebio, hijo de Cecilio y a Falvio Venuleyo Crinito, su hermano, ambos muertos en la guerra que sucedió en la ciudad de Hesperia, en una misma urna, en su propio sepulcro. Seaos la tierra liviana.
Esta lápida fue encontrada en las proximidades de Benazuza por el ya citado Gallego de Vera y si damos crédito a la traducción de Rodrigo Caro, podemos afirmar que hubo una guerra en la ciudad de Hesperia y que en ella murieron estos dos hermanos.
Con la subida al poder en el Imperio Romano de Julio Cesar, se cambia la táctica empleada hasta entonces con los vencidos. La ciudad de Hesperia que en su día fue destruida fue nuevamente reconstruida y tras su reconstrucción cambió de nombre que pasó a llamarse Solia, o “ciudad del Sol” (Lo que querría decir ciudad del sol romano, es decir del Cesar ya que este era uno de los apelativos con los que se conocía al César.)
Este acontecimiento tan importante en la Historia de un Pueblo, no podía perderse en el olvido con el transcurso del tiempo, y para que no se perdiese se grabó en un mármol que por la elegancia de su estilo se puede atribuir a la época de Augusto, y que estuvo colocado en la torre de la iglesia de Santa María, hasta que teniendo necesidad de cubrir aquella parte con nueva obra, hubo de quitarse y fueron transcritas por el Vicario Antonio Caro en el protocolo de la fabrica con lo que han podido llegar hasta nosotros aunque faltan las dos primeras líneas y la penúltima que su lectura por lo borroso ofrecen cierta duda. Rodrigo Caro la completó y realizó su traducción que no podemos asegurar que estuviese así grabado en el mármol, pero tampoco tenemos razones para rechazarlo.
La traducción completa del poema a la que hemos hecho referencia es la siguiente:
“De Hesperia Aras tuve antiguo nombre
Que el Héspero me dio, mas ya me llamo Ciudad del Sol.
Adiós Héspero amigo.
Mudado el nombre Ibero, el Sol Romano hace crecer los edificios míos.
Su crecida deidad crece mis bríos.
Poderosa en alcázares y muros, de mis armas estuve ennoblecida.
Cuando caí en mano vengadora y con fuerza de Marco, mi enemigo.
¡triste! perdí cuanto esplendor tenía urna fatal de mi ceniza fría.
Mas ya de aquel sepulcro revocada a grandeza mayor soy levantada.
Del derecho romano, por auspicio del César que me dio tal beneficio.
Con nueva luz el sol me favorece, y al paso que soy luz mi dicha crece.
Solia soy y del sol es mi renombre, de tus aras dejé Héspero, el nombre.”
Este poema de indiscutible elegancia nos ratifica la existencia de la ciudad de Hesperia; la guerra que sostuvo con los romanos y su total destrucción. Y nos ratifica también como bajo los auspicio del César (entre los nombres que se le daba al Cesar esta el de Imperator, Padre de la patria y Sol Romano), fue reconstruida con mayor esplendor. Y a partir de ahí se llamaría Solia o Ciudad del Sol (referido al sol romano).